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Por Paco Latorre

Es muy difícil tratar de escribir una reseña de la novela de William Goldman sin hacer referencia a la película, pero no esperen ustedes un juicio sumarísimo sobre si es mejor la película -que todos hemos visto- o la novela. No pierdan el tiempo, porque la película es lo quee debe ser y la novela lo que, por discurso artístico, uno espera que sea.

Goldman escribe dos novelas en una (imprescindible el prólogo en su idioma original) asimilando la génesis de cómo nace La princesa prometida dentro de la historia que todos conocemos. Un juego metaliterario en el que Goldman afirma adaptar la obra de un tal Morgernstern, encontrada casi por accidente y compañera de vida entre la realidad y la ficción, porque escribir una obra de tan peculiar popularidad supongo te lleva mucho tiempo de la mano.

Por lo demás, la novela es falsa sencillez. Mucho más profunda de lo que parece y ágil hasta la adicción. Tenemos las historias de Íñigo y Fezzik bastante más desarrolladas -y bastante más emocionantes- que en la película, aunque como guionista de cine que es, Goldman piensa y escribe muchas veces pensando cinematográficamente la posible adaptación que vendría después. Con sorpresa, las ediciones españolas están descatalogadísimas y sufren  la habitual especulación de la miseria coleccionista, pero con un conocimiento medio del inglés y un diccionario podrán ustedes disfrutarla -y ahorrarse una posible traducción castañera- a un precio más que asequible.