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Aviso: Estas críticas contienen spoilers.


EN CONTRA,
Por Ivanckaroo Banzai

“Blade Runner 2049 Ronquidos” es la octava película de la saga Blade Runner. Sí, han leído bien. Entre versiones de preestreno, edición del director, copias para el mercado internacional y montaje del tío del catering más esta secuela, suman ocho; tantas como las que tiene Fast and Furious. Precisamente la saga de coches, testosterona y planos de culos en fiestas rave viene muy al caso: no hay foro donde se hable de Blade Runner 2049 en el que los defensores de ésta no repitan como cacatúas “si no te gusta Blade Runner 2049 es que lo tuyo es Fast and Furious”, en tono despectivo. Debo ser un caso único; si bien comprendo qué puede verle alguien a Blade Runner o Fast and Furious, ninguna de las dos me dice nada. Pero lo que no entiendo es que alguien se permita tan puerilmente presuponer sobre desconocidos por no gustarles algo. Para esas personas, y a modo de advertencia previa, anuncio lo siguiente en nombre de muchas personas a las que la nueva película de Villeneuve nos ha dejado fríos:

– Nos parece fenomenal que haya gente a la que le haya gustado; es más, les envidiamos por haber aprovechado el dinero de la entrada.
– Sí, la hemos entendido muy bien. No acabamos de salir de una cueva siendo esta nuestra primera experiencia cinematográfica.
– Su presupuesto es similar (superior en algunos casos) a las “fastfurious”; es una pelicula que ronda los 180 millones de Trumps, hecha con intención de ganar muchísimo dinero. No es cine abstracto destinado a un público muy concreto ni cine de arte y ensayo experimental.
– Conocemos el cine de Villeneuve y por eso estamos decepcionados; nos gustó “La llegada” y nos gustó “Sicario”.
– Podemos disfrutar de “Shaolin Soccer” tanto como de “Al final de la escapada”. Sabemos discernir cuándo una película que nos gusta es mala de solemnidad del mismo modo que apreciamos la calidad aunque la cinta en cuestión nos mate a siestas.

Aclarado esto, vamos al tema.

“Blade Runner 2049” cuenta la relación que un ex-niño Disney con parálisis facial tiene con un puñado de unos y ceros de los que está enamorado, aunque no lo parece, porque su amor consiste en contratar a una prostituta.
“Blade Runner 2049” cuenta la historia del tío de Drive buscando su identidad, si es humano o más que humano. Un viaje en el que descubrirá si lo que recuerda de su pasado es real o ficción.
“Blade Runner 2049” cuenta la historia de un humano artificial nacido de forma natural; las repercusiones sociales, políticas y religiosas que tendría tal suceso y la pregunta de qué es la vida y hacia dónde nos dirige la evolución.

En efecto, son tres películas distintas y es ahí donde radica el principal problema de esta Blade Runner. La original de Ridley Scott tiene su buena cantidad de problemas: voz en off de Harrison Ford haciéndolo mal a propósito porque la idea le parecía estúpida (y lo es), una escena que parece de tres horas en la que Deckard hace zoom en una foto y nada más, una relación amorosa surgida de la nada incomodísima de ver, un final feliz completamente fuera de tono… pero si hay algo bueno que tenía es la simpleza en lo que buscaba transmitir: el tiempo llegando a su fin, lo limitado de la vida, la absoluta e irremediable certeza de la muerte. Cierto es que a Ridley Scott le contagió George Lucas al morderle y se le ocurrió la tontería de versión en la que se dudaba si Deckard era humano o replicante (colando la escena del unicornio con metraje extra de Legend), provocando que Harrison Ford le mandara a freír espárragos.
En su secuela hay tanto trascendentalismo, tanta filosofía, tantas teclas que tocar que llegado cierto punto, tras 45 minutos de Ryan Gosling y Ana de Armas mirándose a los ojos, que aparezca Jared Leto soltando entre susurros un larguísimo monólogo sobre la concupiscencia disyuntiva catalítica del ego, cabrearía bastante si no fuera por el incipiente sopor. Quiero entender que el ritmo de la película es tan lento para poder masticar tanta reflexión existencial, pero deja tanto espacio entre subtramas que de repente nos volvemos a encontrar con la búsqueda de Ryan Gosling de la que no sabíamos nada desde hace una hora. Así es muy complicado acompañar un guión que, no sólo exige al espectador que le importe, sino que además le obliga a permanecer atento durante eternas escenas del protagonista andando por ruinas, o interminables diálogos huecos con la esperanza de que aparezca de repente una línea genial como la de Rutger Hauer en la original. Aquí nadie dice nada para el recuerdo y la revelación sobre el personaje de Gosling es de traca… la propia película confirma la gran sorpresa: en efecto, el protagonista es tan sosainas y antipático como parecía desde el principio. ¿Para eso tanto rollo? Para rematar, tanta trama y tantos vacíos obligan al metraje a alcanzar casi las 3 horas. Una duración que puede ser entendible para grandes épicas como “Lo que el viente se llevó”, “El Señor de los Anillos”, “Braveheart” o “Bailando con lobos” pero que aquí sientan como una tortilla de ‘dormidina’. La banda sonora parece que se da cuenta de ello y se anima a despertar al espectador a base de bocinazos y colar temas de la Blade Runner original a todo volumen. Y al llegar al ‘The End’… la película acaba olvidándose del personaje de Jared Leto y sus planes, que no recuerdo cuáles eran porque sus líneas de diálogo se encargan de ello con vistas a enmascarar su ausencia al final; o la resistencia replicante que aparece en una escena extrañamente corta para decirle a Ryan Gosling “hola mediocre, haz esto, adios”, con el guionista quitándose la subtrama de encima lo más rápido posible y así evitar que los expectadores se acuerden de que faltan cosas por cerrar.

En cuanto a las interpretaciones, Ana de Armas está muy bien y tiene la peculiaridad de derretir al público masculino hetero y femenino les en todas sus vertientes: como novia, como amante, como esposa, como amiga y hasta desnuda en forma de anuncio de 50 metros de altura. Se hace querer en todas ellas. Batista sale unos minutos pero suya es la mejor interpretación de largo; se come en la escena a Gosling de tal manera que da hasta apuro verlo. Hablando de Ryan Gosling, hemos visto que sabe poner matices a su cara de palo en “Drive” y le hemos visto actuar realmente bien en “Dos buenos tipos”, pero aquí no. Da igual que sea una escena de amor, de tristeza, de descubrimiento, de pérdida… no mueve un músculo de la cara ni expresa absolutamente nada con la mirada. Un gato de porcelana tendría más vida. Que haya cobrado por hacer esta película me parece vergonzoso. También tiene un papel secundario Robin Wright; salvo un par de excepciones lleva toda su carrera haciendo personajes asqueados de la vida, así que aquí cumple sin mayor esfuerzo. Harrison Ford sale bien grande en el póster, pero tarda dos horas en aparecer. Por mucho que su personaje fuera el protagonista de la original, llega demasiado tarde a escena. El impacto emocional al que se le somete es el punto culmen de la película, y queda descafeinado al ser alguien que nos acaban de presentar.  La mala malísima es Sylvya Hoeks, está bien haciendo de Terminatrix pero la personalidad de su personaje no hay por dónde cogerla.

Honrado me siento de dejar para el final a Jared Leto, que sigue embriagado en efluvios de actor de método, metiéndose muchísimo en sus personajes cual Martin Sheen en “Apocalypse Now”. Y todo ello para acabar regalándonos interpretaciones que evocan a Cañita Brava en “Torrente 3”. Horrible.

Lejos estoy de pensar que es una mala película y más lejos estoy de opinar que es otro ejemplo de “traje nuevo del emperador”. En el aspecto técnico es apabullante y hay ciertas decisiones audaces e inteligentes como la pelea en el mar, que compensan decisiones tontísimas como meter a una Sean Young digital, tan despeñada por el ‘Valle inquietante’ que uno suspira de alivio cuando desaparece del plano. El diseño, la fotografía, el mundo de Blade Runner es artesanía, pero desde luego tiene fallos graves de ritmo y excesos narrativos que han afectado claramente a su rendimiento en taquilla. Además, si la campaña promocional de muchos de sus fans consiste en indirectas repelentes sobre Fast and Furious, peor boca a boca no se puede tener.


A FAVOR,
Por Isaac Moreira

Blade Runner es un icono del cine tan fuertemente incrustado en la cultura pop que habría sido muy, muy fácil cagarla con una secuela. Sorprendentemente no ha sido así. Blade Runner 2049 no solo mantiene el tipo frente a su predecesora, si no que es capaz de huir de la nostalgia y ganar la mano por sí misma. Denis Villeneuve (director), Hampton Fancher (guionista) y Roger Deakins (director de fotografía) no se han conformado con hacer Blade Runner 2. No han querido repetir la fórmula de un cazador de replicantes por los bajos fondos en un mundo en decadencia. No. Han sabido mantener la esencia original de Blade Runner y, a su vez, crear algo nuevo. Para ello han estudiado e introducido casi todos los elementos que hicieron grande a la cinta de Ridley Scott y explotándolos de diferente manera:

-La estética: La historia de Blade Runner 2019 está enmarcada en los suburbios, por lo que tiene un ambiente más sucio. Mientras, la historia de 2049 se mueve en otro escalafón social, por lo que ambos escenarios son perfectamente compatibles. En esta ocasión acompañamos a K (Ryan Gosling) por dos fragmentos nuevos del mundo de Blade Runner: uno más aséptico (las altas esferas), otro más postnuclear (lo que encontramos fuera de la ciudad). La estética y tecnología son similares, con el cambio que refleja el paso del tiempo y la evolución que se puede asumir durante esos años. Todo creado con una lucidez imponente. Visualmente es increíble y, desde luego, la mejor baza del film. Los encuadres, las luces y sombras, el color, la textura. Sin duda Roger Deakins merece ganar el Oscar a la mejor fotografía (dudo mucho que haya otra película capaz de hacerle sombra).  Toda la película es una delicia visual.

-Amor imposible: Si, originalmente un humano y una replicante se enamoraban, aquí han seguido el siguiente paso lógico: un replicante y una inteligencia artificial. Su relación es muy diferente a la de Rick y Rachel, pero le da ese toque de historia de amor en contra del mundo que existía en la cinta original.

-La música: Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch se han empapado de la banda sonora de Vangelis. Han comprendido que Blade Runner no es solo unas melodías en concreto, si no el ambiente que creaba Vangelis con su peculiar sonoridad. Una vez asimilado ese concepto han conseguido una banda sonora que, sin necesidad de repetir las melodías de Vangelis ni perder la propia personalidad de los autores, consigue una amalgama sonora que nos transporta al del mundo de Blade Runner. Hans Zimmer dice haber desempolvado sus antiguos sintetizadores para esta ocasión. (Me pregunto si alguno de ellos será el que usó cuando tocó en directo junto a Mecano en Segovia en 1984).

-Ambigüedad en la identidad del Blade Runner: Un elemento que no fue importante en su estreno pero que ganó importancia a medida que iba creciendo el culto al film de Scott: ¿Rick Deckard  es humano o replicante? En la nueva entrega tenemos una pregunta similar sobre el origen de K. Duda que ayuda a que, lo que comienza como una simple misión, remueva sus convicciones y desestabilice su psique. Por primera vez se ve afectado de forma personal. Es nuevo, no sabe cómo lidiar con ello y le da cierta profundidad y evolución al personaje, aunque sea contenida.

Esta nueva historia conecta con los personajes de Harrison Ford y Sean Young. Por fin despeja la incógnita sobre su futuro. Puede que la conexión con Rick y Rachel sea algo disparatada para muchos fans de Blade Runner, incluso puede que innecesaria pero, a cambio, sirve como un buen leitmotiv para el film. Sobre el guion, es cierto que no es redondo. De hecho, hay ciertos saltos en la trama que no están bien hilados pero es un argumento más que aceptable. También hay quien se quejará de que quedan algunos cabos sueltos. No importa que no veamos la rebelión de los replicantes. Sabemos que el mundo de Blade Runner es mucho más que un cazador de replicantes (las colonias, las guerras… ). Esta película trata sobre la búsqueda de K. La cámara sigue casi únicamente su punto de vista. Con eso es suficiente.

El casting ha sido acertado. Por muy mal que me caiga Ryan Gosling hay que reconocer que han sabido usar su inexpresividad a favor de su personaje. Ana de Armas y Batista sorprenden para bien. Robin Wright siempre acierta. El único que no convence es Jared Leto, aunque puede que sea más por su personaje, que también hace aguas. Denis Villeneuve quería a David Bowie para ese papel. Sin duda le habría dado una presencia mucho más interesante.

En resumen, Blade Runner 2049 es una buena película que funciona por sí sola o como una secuela mucho más que digna (y más sabiendo el despropósito que podría haber sido).