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Por Isaac Moreira

Durante el mundial del 2010 (sí, ese que ganó la Selección española) salió a relucir una foto de dos etarras ataviados con la camiseta de la Selección y animando al equipo. Esa pequeña anécdota a lo Berlanga parece haber inspirado la nueva película de Borja Cobeaga.

Un riojano de nacimiento pero etarra de pro y añorante de los viejos tiempos, un fan (tipo belieber)  del grupo terrorista de Albacete y una joven pareja en crisis forman el comando que va a preparar un atentado que destruirá las conversaciones de paz y devolverá la lucha armada a sus tiempos de gloria de nuevo. Para ello deben pasar desapercibidos y aparentar ser unos vecinos más del edificio donde tienen el piso franco. Mientras, España va ganando partidos y la fiebre por la roja crece a cada nueva victoria. ¿Hasta donde debe llegar el comando para pasar desapercibido hasta que llegue su momento? ¿Cuántas concesiones han de hacer y a cuantos principios tienen que renunciar por el bien de la causa?

Fe de etarras huye del humor histriónico y la carcajada fácil. Aboga por un humor cómplice que te hace reír gracias a la seriedad con la que se toman los personajes situaciones tan irónicas que  bordean lo absurdo. También es cierto que la resolución flojea mucho y baja enteros a la sensación final, pero, hasta entonces, hay momentos geniales.

Hay gente a la que no le ha caído bien la película: “que si no es el momento…” “que si es una falta de respeto…” No seamos estrechos de miras. Fe de etarras es una comedia buena, inteligente y necesaria para ayudar a cerrar un capítulo de nuestra historia. A parte, ridiculizar a los terroristas es posicionarse al lado de las víctimas.

Nota: 7