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Por Álvaro Tejero

Cualquiera, de los pocos, que haya tenido la oportunidad de ver la anterior película de Rufus Norris conocían la personalidad del director británico. Broken (2012) es una de las películas más potentes emocionalmente y perturbadoras del cine reciente, una obra sin concesiones que retrata la violencia en un cerrado suburbio londinense a través de los ojos inocentes de una niña de 11 años y todas las personas que la rodean. Temas que vuelve a traer a en su nueva película, de nuevo bañados por una inusual sensibilidad.

London Road (2015) es un musical, pero uno realmente extraño. Incómodo para los espectadores, perturbador en sus números musicales, cautivador en sus imágenes y brutal en sus conclusiones. Original ante todo; nadie recordará sus canciones pero no olvidará sus sensaciones.

Rufus Norris es un hombre del teatro (actual Director Artístico del National Theatre) y para London Road adapta su propia producción de 2011 creada por Alecky Blythe y Adam Cork, que llevaron a los escenarios la historia de los asesinatos de Suffolk ocurridos en 2006 en los que cinco prostitutas aparecieron asfixiadas desatando el terror en el barrio de London Road. Las particularidades de la adaptación son varias: convertir unos hechos tan recientes y terribles en un musical, usar como diálogos y letras exclusivamente las transcripciones de las entrevistas realizadas a los habitantes del lugar durante la época de los crímenes y olvidar al asesino y los actos violentos para centrarse en el entorno y las consecuencias.

Así, en la escasa hora y media de London Road no vemos en ningún momento al asesino, no nos recreamos en sus crímenes ni en la investigación policial. La violencia física está fuera de plano ocupando su lugar una tremenda violencia emocional. A través de los números musicales observamos las sospechas de todos los vecinos, la inconsciencia de las chicas jóvenes, el terror desatado, la voracidad de los medios de comunicación, los comportamientos obscenos de la masa o las tragedias vitales de las prostitutas. Todo ello salpicado de entrevistas a los vecinos en las que se sinceran terriblemente sobre lo sucedido (hiela la sangre el momento en que una de ellas admite que agradecería al asesino haber librado al barrio del problema de la prostitución aunque no comparta el método utilizado)

London Road da voz a todas las partes y se construye a través de la lucha del bario por volver a ser atractivo para el resto de la ciudad mediante un concurso para encontrar al jardín más bonito. Se nota el pasado de Norris en el teatro en el dominio de los escenarios y las potentes interpretaciones que siempre consigue pero es capaz de entender el diferente medio que es el cine dotando de gran fuerza visual a su propuesta, y si bien puede ser un poco estático con su cámara nunca lo es con lo que sucede dentro del plano.

London Road consigue recuperarse de la desgracia pero olvidando como siempre por el camino a la parte más débil: a las víctimas, en este caso a las prostitutas.


NOTA: 9