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Por Juanjo Baquedano

Queremos abrir las puertas de Radio Flamingo a un pequeño genio de la música francesa de los 60 y 70, Michel Polnareff, al que consideramos que no se tiene en la estima que merece y pretendemos reivindicarle con una playlist que englobe sus años de mayor creatividad, desde su debut en 1966 hasta que llegó la década de los 80.

Hijo de una bailarina y de un músico que trabajó con Edith Piaf, Michel mamó el arte desde pequeño. Con apenas cinco años comenzó a tocar el piano y pocos años después ingresaría en el Conservatorio de París. Teníamos niño pordigio en ciernes. Casi mediados los 60, cuando contaba escasamente con 20 años, se instaló por su cuenta en el centro de París y allí se sumergió en el bullicioso ambiente musical reinante.

El año 1966 sería crucial para Michel, ya que vería la luz su primer trabajo discográfico con el que obtuvo algunos éxitos notables, como “Love me, please love me” (ecos de doo-wop), “Time will tell” (en la onda de Jacques Dutronc) o “L’Amour avec toi” (acnción que trajo el escándalo al ser considerada pornográfica). Pero la canción que le abriría las puertas no solo de su natal Francia, sino de Europa entera sería “La poupeée qui fait non”. Fue tal el éxito que llegó a grabar adaptaciones en alemán o italiano de dicha canción, siendo también innumerables las versiones que otros artistas hicieron. Ya en este debut podemos intuir todo el potencial que luego nos ofrecerá en el resto de su discografía: Querencia por las melodías pop y unos arreglos ricos y por momentos pomposos con los que envolver el melodrama que su -engolada- voz de contralto contiene.

Pero quizás el inesperado (y desproporcionado) éxito del debut de Michel fue una losa demasiado grande que cargar, pues jamás pudo volver a igualar esas cotas, al menos fuera de sus fronteras.

No obstante un año más tarde con su segundo trabajo, de nombre Volume 2 / La bal des laze, obtuvo un digno tercer puesto en las listas francesas. Este álbum nos dejó otro puñado de canciones más que apreciables, como la lírica “Jour apres jour” o ese nugget en toda regla que es “Le roi des fourmis”.

Con la fama daría rienda suelta a esa personalidad en ocasiones excéntrica. Michel Polnareff era todo provocación con sus eternas gafas de sol, su imagen cada vez más extravagante y una calculada ambigüedad sexual lo tenía todo para ser la comidilla de los medios que no le daban descanso. Un hecho aconteció en los albores de la década que lo sumiron en una depresión de la que le costó salir: el suicidio de su amigo Lucien Morisse, vital locutor y productor musical francés de aquellos años.

Tras este pequeño bache personal llegaría en 1971 Polnareff’s, trabajo que si bien no alcanzaría las cotas de ventas y éxito de antaño, sí da muestras de la riqueza de la propuesta de nuestro protagonista. Desde melodías que bien podrían servir de banda sonora a cualquier neo-noir de Melville como “Voyages”, la épica de “Le desert n’est plus en Afrique”, el drama de “Qui a tué grand’ maman?” (dedicada a Morisse), la paleta de colores sonoros de  “…Mais encore”, pildorazos pseudoglam por los que mataría el bueno de Elton John, como “Monsieur l’Abbe” o himnos (y mayor éxito del disco) como “Hey You Woman”.

Poco tiempo después acontecería otro hecho que haría dar un nuevo giro a la carrera de Michel Polnareff y no sería otro que descubrir que su manager se había fugado con su dinero, dejándole sin un mísero franco y lleno de deudas con el fisco justo cuando se disponía a finalizar su gira mundial y disponerse a grabar el que sería su 4º disco de estudio. Disco que vería la luz en 1974 bajo el nombre (de nuevo) de Michel Polnareff y que acabó siendo un fracaso, ya que debido a esos asuntillos fiscales que le agobiaba, ni siquiera pudo firmar el disco. Este fracaso, la presión de hacienda, y el dolor por la reciente muerte de su madre hicieron que se exiliara en los Estados Unidos, buscando la tranquilidad.

Instalado ya en 1975 en Los Angeles grabó un nuevo disco, esta vez completamente en ingles, con el que pretendía acercarse al público americano. “Fame à la mode” no consiguió su sueño de hacer sucumbir al público yankee, pero no por ello debemos catalogarlo de nuevo fracaso, pues vuelve a mostrarnos que es un artista pop total, capaz de fabricar canciones que cualquiera de los Beatles en solitario habrían querido para su carrera particular en aquel 1975 como “So long beauty”; canciones efervescentes como y vitalistas como “Since I saw you” o “Fame a la mode”; melodías que bien podrían evocar a Todd Rundgren, como en “No no no no not now” o “Jesus for Tonite”. Un Michel Polnareff en lo más alto de su creatividad.

El periplo americano de Polnareff no le contrajo grandes éxitos, ni en su país ni en el país de acogida, los EE.UU., pero curiosamente sí hizo de él un personaje relativamente en Japón, lugar que visitó en numerosas ocasiones para actuar. También en estos años realizaría alguna incursión en el cine, aunque con escaso éxito, como la banda sonora de la película “Lipstick”.

Con su sexto disco, “Coucou me reveilou”, aparecido en 1978, recuperó el éxito comercial que le era esquivo en los últimos tiempos. Sea porque volvió al francés como lengua vehicular o porque tuvo el arrastre de un single, Lettre à France, en la que Michel se desnuda y muestra su amor-odio por su país. Esta canción le supuso un éxito como no tenía desde los tiemopos de “La poupée que fait non”. También dignas de mención en este disco serían “La cigare à moteur”, “Une simple mélodie”, “Une femme” o”Le clochard de jumbos”.

Una vez entrados los 80 siguió grabando material, pero ya sin la relevancia artística de sus trabajos precedentes. Otro artista que se pierde en la maraña mientras intenta adaptarse a los nuevos tiempos. Aqui en esta playlist recogeremos a modo de testimonio algunas de esas anciones de esos trabajos, aunque solo sea por el hecho de incluir en ella una canción que en su disco de 1990, Kama-Sutra, se convertiría en otro de sus mayores éxitos en su propio país, casi su canto del cisne: Goodbye Marylou.