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Por Iván Fanlo

¡¡¡Vuelve Aardman!!! (esto debería estar escrito en luces de neón gigantes, con fuegos artificiales y una orquesta de mil personas tocando a la vez) Desde que allá por los 90 canal+ dedicara gran parte de su parrilla a deleitarnos con cortos y piezas de animación -¿quién no recuerda esos maravillosos Animaratones donde muchos pudimos descubrir nuevos talentos como Pablo Llorens o maestros como Svankmajer?- un servidor se hizo fan de la compañía fundada por Peter Lord y David Sproxton, la Aardman Animations Ltd.

Con la llegada de internet, poco a poco se pudo ir investigando obras de los ingleses, que gracias a sus Oscars de la academia no resultaban difíciles de encontrar. Videoclips (Sledgehammer, de Peter Gabriel), Anuncios, series de televisión (Creature comforts, La oveja Shaun), cortometrajes (Wallace & Gromit), largometrajes (Chicken run, La maldición de las verduras)…todo cuanto han moldeado las manos de Aardman son clásicos de la claymation, la animación realizada con plastilina. Ahora, en pleno 2018, la compañía inglesa regresa a la gran pantalla, enfrentándose a miles de espectadores locos con el 4k, lo digital y la definición.
Cavernícola, primer largometraje que dirige Nick Park desde esa obra maestra llamada La maldición de las verduras, no me ha terminado de llenar del todo, algo que ya me pasó con ¡Piratas! (Peter Lord, Jeff Newitt, 2012). Lo que a priori podría haberse planteado como un homenaje a Harryhausen -o al menos eso esperaba yo al ver el primer plano del film- se convierte en la típica película deportiva de superación, vista miles de veces y aunando clichés uno detrás de otro. ¿Recuerdan cosas como Somos los mejores o Elegidos para el triunfo? Pues ese es el esquema, tal cual.

Tampoco le ayuda en su versión española el doblaje de el vampiro de Malasaña, Mario Vaquerizo. Yo no digo que el tipo no le ponga ganas, o incluso que lo haga mejor que en Hotel Transilvania… pero si ya destrozó las pelis de Tartakovsky, ¿por qué iba a ser distinto aquí? Ya en ¡Piratas! ya se empeñaron en meter la voz de un famoso futbolista para que nos sangraran los oídos en el cine.

Si pueden, vayan a verla en VOSE, que además tiene un reparto de lujo.
Peeeero aunque no llega al nivel al que nos tienen acostumbrados los ingleses, la peli es disfrutable y muy divertida. El doblaje no es un punto realmente negativo, si obviamos el trabajo del “Nancis rubias” todos los demás están muy bien, incluyendo Hugo Silva y Chenoa (si, lo hace más que decente). La animación como siempre es deliciosa y da gusto ver esos trocitos de plastilina moviéndose en una pantalla de cine. Y la historia, pues aún podemos rascar alguna que otra alegoría a favor de la pureza del deporte rey frente a su corrupción actual.

No perderán el tiempo si deciden pasar una tarde en el cine con estos cavernícolas, pero a mi me han entrado ganas de revisitar una serie de cortometrajes ingleses, también de claymation, sobre una familia prehistórica llamados Gogs que me parecen bastante más divertidos.