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Por Paco Latorre

Para aquellos que sentimos simpatía irredenta por Jean Claude Van Damme, el anuncio de esta serie supuso algarabía en cuanto atisbábamos un poco de ligereza en el envarado panorama de las serie de televisión, autocomplacidas por la mangarrufa de la edad de oro de la televisión.

Van Damme no defrauda ofreciendo un reverso amable de su  JCVD -película de una honestidad y valentía tan cruda como sorprendente- explotando aquella vis cómica que por no esperada sorprendía. Sin la amargura de aquel striptease emocional, Jean Claude Van Johnson lima las limitaciones e incomodidades del formato serie para ofrecer una peli de seis horas en su homegeneidad -el mismo equipo repite capítulos- con una parodia de ese muñeco de pim pam pum encarnado por el belga y su cine.A los fans de Van Damme confirma lo que ya sabíamos; que es un grande del asueto y mucho mejor actor (y cómico) de lo que la ortodoxia considera en el mastuerzo. Para los seriófilos una franca sopresa en cuanto a la deconstrucción genérica del cine de acción en hibridación con los resortes de la comedia posmoderna. Es decir, disfrutar haciendo el imbécil o simplemente hacer el imbécil.