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Me entero de la muerte de Jóhann Jóhannsson tarde, cuando salgo de una mesa redonda sobre cine y música en un museo al lado de mi casa. Me lo cuenta el propio autor de la charla, el también compositor Juanjo Javierre. Me entero tarde y se me hiela la sangre. El islandés es uno es uno de esos compositores que ya admiraba como músico y que, como algún otro autor, ha abrazado el terreno de las bandas sonoras para renovarlo, haciendo de la simplicidad, la repetición ,los matices y los pequeños detalles su bandera. Minimalismo y sonidos fríos pero no carentes de la parte emocional. Todo lo contrario. La canciones de Nihls Frahn, Max Ritcher, Jonsi o el propio Jóhannsson no dejan indeferentes a nadie, se instalan en el corazón para quedarse.
Muchos asociarán el nombre del músico al del director Denis Villeneuve. Aunque finálmente la banda sonora de su último film, Blade Runner 2049, recayera en las manos de Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch – haciendo un trabajo excepcional, todo sea dicho- el tandem Villenueve-Jóhannsson nos ha regalado películas y bandas sonoras de la altura de Sicario y sobre todo Prisioners y La llegada. Ambos films y ambas músicas están dotadas de una sensibilidad especial, diferente, poética.

Por alguno de estos trabajos Jóhannsson fue nominado a varios premios, desde Oscars, Baftas o Globos de oro. Pero por el que más se le recuerda es por su trabajo en el film de 2014 La teoría del todo. El trabajo de James Marsh fue perfecto para que el compositor diera rienda suelta a su lado más amable y preciosista, consiguiendo el Globo de oro ese mismo año y acariciando un Oscar que le arrebataría Alexandre Desplat con una no menos interesante música para El gran hotel Budapest.

Estoy seguro que lo mejor de Johann Johannsson aún estaba por llegar. Aún así, para muchos este autor es un pequeño desconocido, curtido en la escena musical de Reikiavik en los años 90, con discos en solitario desde el 2002, bandas sonoras por descubrir, música para la televisión islandesa, para obras de teatro, para museos como el MOMA, colaboraciones con artistas tan dispares como Pan Sonic, Jaki Liebezeit o Stephen O’Malley de Sunn O))). Insluso fue capaz, como podéis leer aquí, de suprimir toda la partirura para Mother! de Aronofsky a favor de “diseño de sonido más expresivo“.

No se me ocurre mejor forma de homenajearle que cerrar los ojos y escuchar esta maravilla llamada Flight from the city de su último album en solitario, Orpheé.

DEP