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Si alguien ha tenido la suerte de leer El elogio de la sombra de Junichiro Tanizaki, se dará cuenta que ya en los años 30 el famoso escritor japonés hablaba en su ensayo del protagonismo de las sombras en la arquitectura nipona, en su cultura y en su día a día. “Veamos por ejemplo nuestro cine; difiere del americano tanto del francés o del alemán, por los juegos de sombras, por el valor de los contrastes”.

En otro interesantísimo libro, Japón perdido de Alex Kerr, el autor hace un viaje por Japón mostrando una sociedad que vive en lucha con la modernidad, el avance, la tecnología y la conservación de su cultura milenaria.

El universo cinematográfico de Takashi Miike sería la hipérbole de estos conceptos: la lucha entre la luz y la sombra; el contraste entre tradición y posmodernidad. Yakuzas, dioses vaca, familias disfuncionales, extraterrestres, superheroes, asesinos, fantasmas, prostitutas, Yokai, matones adolescentes, samuráis, guerreros inmortales, zombies cantarines… el manga, el terror, la comedia..todo tiene cabida en el mundo de Miike San.

El exceso sería otro de los pilares de su cine, pero también de su producción cinematográfica. El director presentó el pasado 2017 su película numero 100, aunque mientras le habéis dado al enter ya tendrá algo en preproducción. Takashi Miike, esquivo a la hora de autocatalogarse como autor, debido a que sus films son meros encargos,  ha sabido llevar cada trabajo a su terreno. Sirva esta lista como homenaje al director de Osaka y también como guía para quien se atreva a bucear y a descubrir su filmografía.

Iván Fanlo

FUDOH: THE NEW GENERATION (Gokudô sengokushi: Fudô, Japón, 1996)
Por Iván Fanlo

Oficialmente siempre se habla de Audition como la película que abrió paso al cine de Takashi Miike en España, pero Fudoh: the new generation ya dejó la boca abierta a los afortunados que pudieron verla en 1998 en un pase en La semana de cine fantástico y de terror de San Sebastián. Al mismo tiempo, festivales internacionales como el de Toronto o Montreal ya estaban encumbrando al japonés con los pases de la misma. Takashi Miike llegaba a occidente, y llegaba por todo lo alto.
Si Takeshi Kitano y Takashi Ishii estaban resucitando el yakuza eiga, Miike llegaba para transformalo en otra cosa y llevarlo más allá. La peli en cuestión es una barrabasada de las buenas con niños yakuzas asesinos y que hoy por hoy sigue siendo uno de sus mejores filmes.

THE BIRD PEOPLE OF CHINA (Chûgoku no chôjin , Japón, 1998)
Por Iván Fanlo

Si en la introducción hablaba sobre los contrastes en el cine de Miike, The bird people of China es un contrase en si misma sobre casi todo el cine del autor japonés. El film rezuma estilo, reposo, sencillez, humor, una fotografía y una localizaciones espectaculares para contarnos la historia de un yakuza venido a menos y un joven ejecutivo perdidos en una remota región de china. Ahí es donde, gracias a una especie de tribu alejada de cuaquier contacto con la civilización, se encuentran a ellos mismos. Una de las películas a reivindicar del genio japonés que no hace mas que demostrar lo versátil y amoldable que puede llegar a ser como director sin perder ni un ápice de estilo. Maravillosa.

AUDITION (Ôdishon , Japón, 1999)
Por Ivanckaroo Banzai

De entre las 7 películas que dirigió ese año, es esta la que dio a conocer a Miike internacionalmente. Teniendo en cuenta el ritmo de este señor, guste o no su cine, es asombroso que los resultados sean siempre como mínimo competentes.
Al viudo Aoyama empieza a meterle prisa su hijo para que retome su vida y busque una buena moza; con la ayuda de un amigo productor de cine deciden montar un Harvey Weinstein y realizar un falso casting en el que Aoyama pueda encontrar a una chica a su gusto. Y ahí es cuando aparece Asami, una señorita de aspecto frágil y mirada triste que encandilará a Aoyama. Y ahí es cuando las cosas se empiezan a torcer porque la tal Asami tiene sus… llamémoslo “desórdenes mentales”.
Interesante película pese a su lentísimo ritmo que tuvo su buena dosis de controversia tanto por su violencia emocional como física.

DEAD OR ALIVE (Dead or alive: Hanzaisha, Japón, 1999)
Por Paco Latorre

Con sus Dead or alive Takashi Miike llega a su cenit de fama en cuanto a la revisitación de la temática yakuza. No creo que sea su mejor peli del tema, ni tan siquiera que la que nos ocupa (la primera entrega) sea una buena película: es lenta, farragosa y confusa. Pero la personalidad del director sí está ahí en sus buenos momentos y tiene unos cinco minutos iniciales espídicos e inolvidables. Por no hablar de un final que hay que verlo para creerlo. Como curiosidad tiene su gracia, pero no más.

VISITOR Q (Bijitâ Q, Japón, 2001)
Por Paco Latorre

Para el que suscribe su película favorita de Takashi Miike en cuanto es un quorum del maravilloso arte de chinchar. Visitor Q esta hecha por y para provocar, dedicándose a zurrarle la badana a la familia como institución (incluido con ese final ambiguo en sus intenciones) y en pasárselo perita en plan tranquilos, que ahora la voy a soltar más gorda. Hay de todo y para saciar: incesto, violencia extrema, drogas, necrofilia, fetichismo…
Miike filma en video, austero, semidocumental, y se lo pasa tan bien en esa tesitura como el espectador advertido. De la escuela de Sardú, la saga The human centipede y demás maravillas paridas con el único fin de provocar y ponerle un altar al humor más negro.

ICHI THE KILLER (Koroshiya 1, Japón, 2001)
Por Paco Latorre

De todas las pelis que he visto de Takashi Miike, puede que Ichi the killer sea la más divertida sin llegar a ser convencional (es demasiado nipona en el exceso). Miike dirige y narra con linealidad más o menos académica pero con una intensidad que hace sudar al espectador. Aunque la película es muy extrema en niveles de gore y locuras varias, el tratamiento de pasarse de rosca unas cuantas veces diluye el efecto de choque de tanta burrada en pos del esperpento.
Más allá del catálogo de salvajadas, la peli va como un tiro y es el equivalente cinematográfico a pegarte una buena farra de fin de semana y acabar de after hasta arriba. Imbatible con amigos y cervezas.

LA FELICIDAD DE LOS KATAKURI (Katakuri-ke no kôfuku, Japón, 2001)
Por Iván Fanlo

Seguramente hace años se podía haber hecho el chiste de “a Takashi Miike solo le falta hacer un musical de zombies”, pero, resumiendo mucho (demasiado), eso es precisamente La felicidad de los Katakuris. Aunque si prefieren, the independent la calificó como “Un cruce entre Sonrisas y lágrimas y Amanecer de los muertos”.
Aunque estas síntesis parezcan acertadas, no debemos quedarnos en la superficie. Este film supone la transgresión definitiva del Miike de aquella época, un 2001 en el que alcanzó su cénit con obras como Visitor Q e Ichi the killer y al que aún le daba tiempo de dirigir una pel de samuráis y otras tres pelis más de yakuzas (Agitator y Family 1 y 2). Miike transgrede los géneros en esta cinta que pulula entre la comedia, el cine familiar, el terror, el género zombie o el musical; transgrede, como un una parte de su obra, el concepto de “familia”; y transgrede formatos, pasando de animación a imagen real.
Como curiosidad, La felicidad de los Katakuris es un remake bastante libre de The quiet family, la primera peli de Kim Jee-woon (I saw the devil, El bueno, el feo y el raro).

CEMENTERIO YAKUZA (Shin jingi no hakaba, Japón, 2002)
Por Iván Fanlo

Cementerio yakuza, remake de la maravillosa Graveyard of honor de Kinji Fukasaku, es un film que no suele meterse en las listas con lo mejor de Takashi Miike. Sin embargo, este sobrio y desasosegante drama sobre el auge y la caida de un yakuza, siempre entra en mi top particular de su filmografía desde que lo pude ver en un festival de Sitges sobre el 2003.
Nos cuenta la historia de Rikuo Ishimatsu, que de fregaplatos empieza a subir escalones dentro de una triada hasta llegar a tener poder dentro de la misma. Realizada con sobriedad y madurez, no se parece a sus yakuza eiga más alocados, Cementerio yakuza es un buen ejemplo para ver el abanico de recursos y estilos de este Miike más serio…pero no carente de dureza y sordidez.

GOZU (Gokudô kyôfu dai-gekijô:Gozu, Japón, 2003)
Por Ivanckaroo Banzai

Haciendo honor a la costumbre española de añadir frases a algunos títulos en lengua extranjera para que el personal se entere de qué va la cosa (emulando a House: una casa alucinante), llegó a España Gozu: el camino a la locura. Toda una declaración de intenciones, ya que es casi imposible contar de qué va Gozu.
Ozaki, capitán yakuza, sufre una pérdida repentina de tornillos ante su jefe al matar a un chihuahua en plena calle que, según él, era un perro anti-yakuza. El jefe decide que a ese loco hay que hacerle desaparecer y encarga a un subalterno de Ozaki, Minami, llevar a su superior a una ciudad vecina donde unos asesinos se encargarán de dar finiquito a la vida laboral del majara. A partir de ahí… un desparrame que va desde Este muerto está muy vivo 2 hasta lo más abstracto que pueda uno imaginar de David Lynch. Personajes chiflados, lugares absurdos, situaciones demenciales y un final de esos que dejan maravillado y confuso a partes iguales. No sé qué es lo que fuma en la cabeza el guionista, Sakichi Sato (a quien vimos en Kill Bill en el papel de Charlie Brown), pero desde luego debería compartirlo.

LLAMADA PERDIDA (Chakushin ari, Japón, 2003)
Por Iván Fanlo

Tras una segunda mitad de los años 90 insufrible para los fans del cine de terror la aparación de la magistral The ring (Hideo Nakata, 1988) supuso un soplo de aire fresco para los fans ávidos de buenas películas. Así empezaron a llegar un buen puñado de películas orientales, mostrando un cine diferente; un terror más “reposado”, de sensaciones y no de sobresaltos.
El señor Miike también nos regaló su peliculita de J-Horror con esta Llamada perdida, cinta que mezclaba lo fantasmal con lo tecnológico, algo que ya habíamos visto en pelis como The Ring o la maravillosa Pulse (Kairo). La película dista de ser de las mejores, al menos en mi opinión, de todo aquel boom, pero el buen hacer de Miike vuelve a demostrar su versatilidad como director.
Por supuesto, tuvo una continuación mucho más sosa y un remake norteamericano, del que tan solo se salva la siempre estimulante presencia de Shannyn Sossamon.

IZO (Japón, 2004)
Por Paco Latorre

Sacrosanta tomadura de pelo de Miike que se viene arriba con un empacho de dadaísmo y posmodernismo (o algo con el prefijo pos) que es un monumento al enigma: no se sabe muy bien de qué va la peli y mucho menos si está hecha en serio o con la loable intención de reirse del espectador. Pese a que acaba resultando un coñazo, si uno tiene la paciencia o es completista de la obra de Miike se puede encontrar alguna escena tan pasada de rosca que liga su brillantez a atreverse a filmarla. Por lo demás un gratuito festival de bizarradas que puede impresionar a los veinte años o a la militancia programada en la pedantería que visto ahora hace sonreir mientras la dejas puesta en la tele y haces otra cosa mientras.

HUELLA (Imprint – Masters of horror series, USA, 2006)
Por Ivá Fanlo

Allá por mediados de los 2000, muchos de los fans del cine de género ochentero y de primeros de los 90 saltábamos de alegría ante el nuevo proyecto de serie que presentaba la cadena Showtime: episodios de horror autoconclusivos dirigidos por alguno de los directores más míticos de aquella época. Nuestro gozo en un pozo. La serie de Mick Garris fue un blufff, pero aún así pudimos rascar algún capítulo destacable, como los de Carpenter, Dante o Argento. Por alguna razón se le concedió un episodio a Miike, el cual no fue emitido por televisión por su extrema violencia (el catálogo tenía desde torturas hasta planos de fetos muertos en primer plano)
El guionista de Audition nos regala en Imprint un cuento de terror japonés que recuerda al cine nipón de los 50 o los 60 (ecos de Onibaba o Rashomon) y que acaba desquiciando al espectador con un tour de force hacia el torture porn, todo ello rodado con mucho gusto y un ambiente pesadillesco y onírico.
Para los que no hayan visto ningún film del director, perfecta terapia de shock para entrar en el univierso Miike.

13 ASESINOS (13-nin no shikaku, Japón, 2010)
Por Ivanckaroo Banzai

El bueno de Miike ha tocado casi todos los géneros. A día de hoy, sólo nos falta ver de él una película muda en blanco y negro de slpastick, y una de destape española estilo finales de los 70. Pero como es japonés, lo que no podía faltar es una de samurais. Y muy buena.
13 Asesinos es un remake de la obra de Eiichi Kudo, y narra la clásica historia del pueblo rebelándose contra el tirano. El señor Matsudaira es un déspota de toda la vida que tiene martirizado a todo el mundo pero nadie puede calzarle una mano de hostias porque es hermano del shogun. Así pues, la única opción es conspirar, reunir a 13 samurais dispuestos a dar la vida por la causa y preparar una emboscada en una zona rural para cargarse al malo.
Estamos ante uno de los presupuestos más grandes con los que ha contado Miike y, como persona con sentido común que es, deja los experimentos para otras cosas más acordes a ello y se centra en dirigir con mano firme una muy entretenida película.

HARA-KIRI: DEATH OF A SAMURAI (Ichimei , Japón, 2011)
Por Álvaro Tejero

Solo he visto una película de Takashi Miike y además una de las más clásicas y menos representativas del cine que le ha dado su fama; pero si estoy aquí es porque pocas veces en los últimos años una película me ha impresionado de tal manera. En Hara-Kiri, Miike se atreve con el remake de un clásico del cine japonés, una historia sobre el honor, la muerte, el amor, la venganza y la responsabilidad alrededor del ritual de suicidio de un samurái, temas que para los nipones tienen un significado que en occidente resulta muchas veces lejano. Miike construye la historia al ritmo contemplativo del cine japonés, mediante flashbacks que arman el puzle pieza a pieza hasta llegar al explosivo final. Combina la intimidad de los pequeños gestos con el movimiento del combate grupal con maestría, te hace sentir el hambre y la desesperación con enorme sensibilidad y usa la naturaleza para hacer avanzar la trama mediante transiciones de una enorme belleza visual. Sobrecogedora.

ACE ATTORNEY (Gyakuten Saiban, Japón, 2012)
Por Ivanckaroo Banzai

Así a lo tonto Miike se cascó una de las mejores adaptaciones de videojuegos al cine que se pueden encontrar, aunque tampoco es para lanzar las campanas al vuelo.
Basado en la la más que entretenida saga de Capcom, nos encontramos ante una película “de juicios” aceptable a la que le sobra media hora de metraje y que no tiene ningún reparo a la hora de sacar pelucones y ropa tal cual salen con la estética anime de los juegos. No habría estado de más darle cierto tono de seriedad al procedimiento judicial en su traspaso a imagen real; en la pantalla de la Nintendo DS leer al juez: “vaya, el fiscal jura por Snoopy que el acusado es el asesino así que debe ser cierto. ¡Culpable!” da ganas de tirarse de los pelos, pero se acepta por el aire desenfadado que impregna la animación. Sin embargo con actores de carne y hueso, por muy caracterizados que estén y por muchos hologramas y tecnología absurda que salgan para dar un aire más fantástico al mundo en el que sucede la trama, uno se revuelve en la butaca deseando gritar al tribunal “¡¿pero qué mierda de juicio es este?!”.