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Aviso: Estas críticas pueden contener pequeños spoilers.

EN CONTRA
Por Isaac Moreira

La nostalgia vende. Si lo juntas con la cultura pop vende mucho más. Eso es así (Una pequeña pregunta ¿En qué momento lo friki, nerd y geek pasó a formar parte de la cultura pop? Pensándolo bien es una contradicción, ya que hace 10 o 15 años leer tebeos de superhéroes, jugar a rol o coleccionar viejos ordenadores de 64k y pantallas de fósforo verde era lo más impopular del mundo). Todo el mundo está intentado sacar tajada. El último ha sido Spielberg. Esto me produce sentimientos encontrados. Spielberg tiene todos mis respetos. Es uno de los pilares fundamentales del cine de los ochenta y más allá. Entonces, ¿de verdad no podía ofrecer mucho más en una película como Ready player one? El Rey midas de Hollywood ha entregado un film más propio de cualquier imitador suyo.

Pero en el juego de la nostalgia no todo vale. Cuando está bien llevada puede elevar la obra. Cuando está tratada desde el cariño y la devoción a tiempos pasados que, en general, nos transporta cuando éramos más jóvenes, inocentes y nos sorprendíamos o emocionábamos con más facilidad porque descubríamos cosas nuevas. Cuando La nostalgia se convierte en un mero reclamo comercial queda vacua, vacía y hasta hace bola. Ready player one se acerca más a lo segundo que a lo primero.

Ready player one es una sobredosis de referencias. Te lanzan tantas de golpe que terminan ocultando la película real. Los personajes, sus motivaciones y la trama quedan desdibujados. Se ha puesto tanto empeño en los numerosos detalles que encuentras en cada escena y en que haya mucho ritmo que historia se sucede precipitadamente. Esto apenas deja espacio para presentación de los protagonistas. Poco hincapié se hace sobre que en realidad son todos una panda de inadaptados, por diferentes motivos, que buscan refugio de la realidad en Oasis o su obsesión, auténtica obsesión por los videojuegos y la cultura pop. Los malos son muy malos y  sin matices. No se termina de comprender ese futuro distópico. Aparece a mitad de metraje “la resistencia” pero, ¿resistencia contra qué? ¿Contra IOI? ¿Contra las corporaciones en general? ¿Contra el gobierno? En ningún momento lo explican. Simplemente parece que tenga que haber un sentimiento de rebeldía. ¿A qué? No se sabe. Seguramente es la torpe manera en la que han introducido el odio de los gunters –Todos los usuarios de Oasis que aman los juegos y están en busca y captura del huevo de pascua- hacia los sixers, que son los usuarios que lo buscan para la gran corporación IOI. También es una pena la falta de trasfondo de la competición. Poco se vislumbra de la fama que adquieren los protagonistas y la obsesión por encontrar el huevo o la tensión por quién encabeza la lista y está más cerca de encontrarlo. En la película parece que solo lo buscan ellos y el malo.

Como decía, la metralleta constante de referencias ha hecho necesario simplificar trama, personajes y auténtico trasfondo. Además, las mayoría de ellas han sido bastante normalizadas para ser accesibles a todos los públicos, aunque hay excepciones (El libro es mucho más hard core pero entiendo que si la productora quiere triunfar con esta película y vender el mayor número de entradas, que es su principal preocupación, debe rebajar el nivel de frikismo).

Como adaptación del libro de Ernest Cline, el film sigue la misma trama por caminos paralelos continuamente (ni una sola de las pruebas para conseguir las llaves se le parece) y es mucho más superficial y menos dramática. Aunque debo reconocer que no tampoco soy muy fan de la novela hay un par de momentos bastante interesantes, como cuando Sorrento le propone un trato a Parzival y las consecuencias de esa reunión. Sin embrago, en la película apenas afecta emocionalmente a Parzival.

Spielberg es uno de los grandes y la novela original ya está influenciada por sus películas, así que no era ningún reto para él. Habría sido capaz de rodarla con los ojos cerrados y terminaría consiguiendo un producto resultón. En realidad es lo que ha hecho, entrar en piloto automático y molestarse cero en aplicar algo de su verdadera magia. Es relativamente imposible que Spielberg haga una mala película pero en este caso se le podría… ¿¡¿qué digo?!?… se le debería pedir más.

Nota: 5

A FAVOR  Por Iván fanlo

Mal lo tenía spielberg para convencerme con Ready Player One. Primero, porque la saturación y el uso pornográfico de la nostalgia ya me suele aburrir; y segundo, porque el libro de Ernest Cline me pareció una memez en su momento, “reguleramente” escrito y ,aunque se dejara leer, no pasaba de ser un catalogo de referencias sin alma. Algo así como El código Da Vinci de “la generación Goonies”. Aquí es donde llega el papá de E.T. y con este material nos regala una de las pelis más divertidas del año (también es cierto que toda esta nostalgia se digiere mejor visualmente que leyendo nombres, uno de detrás de otro, durante más de 300 páginas).

Tampoco les quiero llevar a engaño. Si ya han visto el trailer la cosa va de referencias y de nostalgia. De hecho, si ya en el trailer han podido descubrir 20 o 30 homenajes a la cultura pop de los utlimos 40 años…hay más. Muchos más. Muchísisisisimos más. Pero a diferencia de otros productos basados en restregar estos homenajes por la cara como único reclamo, Ready player one hace dos cosas muy bien: crear un mundo en donde estas alusiones y su existencia tienen sentido y utilizarlas para hacer avanzar la trama y  dar trasfondo a la historia y a los personajes.

Dejen que les ponga un ejemplo de esto último: Stranger things. La serie está tan empeñada en mostrar lo que molan sus referencias que, muchas veces, por pararse en ese mundo tan ochentero se olvidan de avanzar la trama. Todo se queda en el envoltorio bonito.
En el lado contrario tenemos a el capítulo San Junipero de la tercera temporada de Black Mirror. Las referencias están ahi, todos las conocemos y disfrutamos cuando las vemos…pero están  para favorecer la trama. De hecho, se utilizan para hacer una crítica  sobre como vemos el pasado, sobre nuestros recuerdos y la realidad.
Desde luego el nuevo film de spielberg no está al nivel de este precioso episodio, pero  no se queda en la forma. Ready player one aprovecha OASIS para apabullar visualmente y para entretener, pero lo hace en contraposición al mundo real, triste y gris. Un juego de espejos en el que nos vemos reflejados. Nosotros mismos nos evadimos de la realidad mediante los libros, el cine y, cada vez mas, los videojuegos. De hecho, otro de los aciertos de la película es ampliar el espectro a quien va dirigida, muy centrada en la actual generación gamer.

Cuando hablo del trasfondo del film tampoco me estoy refiriendo a esta peli como la quintaesencia de las alegorías, pero desde luego no es una película tonta.  Spielberg no se corta en mostrar la dualidad que supone el placer de evadirse de los problemas cotidianos con el peligro de no saber afrontarlos y, aunque de forma un poco naiff en algunos momentos – algo muy del cine de los 80-, se critica y se apuesta por el entendimiento entre lo virtual y lo real. Nada de lo que hagamos en el mundo virtual tendrá sentido si no lo expresamos con nuestros actos reales. De hecho los personajes hacen avanzar la trama cuando se empiezan a conocer, a interactuar en ambos mundos, y a desarrollar lazos de amistad entre ellos. Todo un “classic” de Spielberg: el poder de la amistad y de la imaginación para superar los problemas.

Otro de los aspectos que más me ha llamado la atención de  es el viaje que hacemos por los recuerdos del creador de OASIS. El director utiliza la figura de Halladay para hablarnos de la creación del arte en general, ya sea cine, literatura o videojuegos. De como toda obra esconde secretos, sorpresas, easter eggs e incluso miedos y errores. Halladay, este Mago de Oz de la era digital, se convierte en uno de los personajes más importantes de la película. Todo esto queda reforzado en las escenas de las dos últimas llaves, siendo la segunda llave un apoteosis visual realmente A-CO-JO-NAN-TE.

Pero por no parecer un fanboy, el film tiene sus fallos. Al final tanta velocidad no deja que los personajes se desarrollen del todo, el malo es un poco “meh”, la historia de amor algo chorras y la cosa podría haber tenido mucha más mala leche.

Asi que sí no les ha logrado convencer de que este film merece mucho la pena, saben que les digo, que vayan a verla porque  spielberg hace que sus dos horas largas de duración parezcan 10 minutos; Porque hace mucho que no se veía algo tan divertido en el cine; por ver a un director de más de 70 años dando ejemplo de como dirigir algo tan “moderno”; por hablarnos de la libertad de interntet y lo digital frente al corporativismo; por sus personajes; por la radiante Olivia Cook (ya estáis rescatando Me & Earl & the Dying Girl si no la habéis visto); porque tras el guión también está Zack Penn, quien ha estado por la sombra en las historias de pelis como Vengadores, X-Men o El último gran héroe (jijiji…aquí se entienden muchas cosas…); por la escena de la carrera; por  Alan Silvestri…

Y si. Por sus homenajes también.

Nota: 7’5