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Por Paco Latorre

Esperaba con ganas el remake de Death Wish visto que ese material en manos de Eli Roth prometía cuanto menos una sana dosis de incorrección política, necesario en el almidón que inunda las pequeñeces morales que (ahora menos) nos atrevemos a dibujar en el cine contemporáneo. A ese nivel, El justiciero decepciona en cuanto se queda a nivel de parvulario ya que el debate es tan plano como ventilarlo de la manera más plana posible: con una tertulia de radio que acompaña las andanzas de Bruce Willis. Si bien Charles Bronson acabó acomodándose en la figura del vigilante ya rayando la autoparodia, Willis consigue evitar lo que a muchos nos asustaba: insuflar de su aire de héroe de acción a un personaje que es todo lo contrario, y regatea muy bien el entuerto.
No le falta mérito a Eli Roth, porque si bien se echa en falta el despiporre de un Green inferno, al acabar la película el regusto es tan bueno como para reconocer que acierta plenamente en dotar de una sobriedad inesperada (por venir de quien viene) la película. El justiciero no es Sentencia de muerte, ni mucho menos John Wick sino que debe más a la película original (que obviaba la coña marinera también) que a sus secuelas o al rollo arcade de venganza. Setentera en cuanto a ese tono de verité buscado, que no llega a cuajar porque en el nuevo milenio todo es más limpio y de diseño y al fin y al cabo somos hijos de nuestro tiempo, la película es un divertimento digno menos salvaje  (Roth no escatima en violencia aunque el sospechoso festival gore se queda en dos puntazos) de lo esperado en los tiempos de la violencia baturra, quizás porque como buen conocedor del material que tenía entre manos Eli Roth ha querido hacer una película tan respetuosa con su mamá que ha acabado dejándonos con un buen sabor de boca y un gatillazo al mismo tiempo.

Nota: 7’5