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Por Juanjo Baquedano

Será por paternalismo o por cierta mirada etnocentrista de quien se cree el centro del universo, pero solemos cometer bastantes errores cuando nos acercamos a la música que se realiza o proviene del continente africano.

Uno de esos errores suele ser el reduccionismo, unificando las músicas de lugares tan dispares como el Magreb, el Sahel, la costa occidental, la oriental etc. Eso sería tan aventurado como pretender unificar los sonidos tradicionales de lugares como los Balcanes con la Música  Rebétika griega; el fado portugués, el flamenco o la jota alcarreña con la música gaélica.

Otro de esos errores al asomarnos a África es considerar que, desde esa mal entendida superioridad, su música es meramente folklórica y no pasan de ser como si estuviéramos atendiendo a un documental de David Attenborough.  Y eso no es así, de África provienen en la actualidad sonidos tan excitantes que están dejando ojipláticos por su desparpajo a los gurús accidentales de la modernidad. Áfríca es raíz, pero también modernidad. Por ello su lugar ya no se ciñe exclusivamente a los festivales de “músicas del mundo” o jazz, sino que ya inundan y complementan cualquier festival de música contemporánea que se precie.

Por último, solemos desde nuestro consumismo occidental quedarnos en la superficie, conformándonos con los dos o tres artistas de referencia más asequibles para el mercado global, algo así como sucedió en los 70 u 80 con la escena jamaicana. Por ello en las siguientes líneas te vamos a traer algunas propuestas actuales realmente reivindicables que quizás no todo el mundo conozca. Porque no solo de Afrobeat vive África.

Comenzamos el recorrido por la tierra del Afrobeat que cultivó Fela Kuti, NIgeria, con la propuesta más cercana a ese género de las que vamos a traerte, la de la anglonigeriana Eno Williams al frente de sus Ibibio Sound Machine. Ibibio es el dialecto que hablan en el estado sureño de Akwa Ibom, en la costa nigeriana. Williams y los suyos practican funk , Afrobeat y  electrónica con pinceladas del Makossa camerunés o las punzantes guitarras del High Life ghanés sin dejar de lado sonoridades y percusiones más orgánicas, que nos evocan a la Juju music nigeriana que cultivaba gente como King Sunny Ade. Una banda panafricanista que con sus dos trabajos se han hecho asiduos de multitud de festivales.

Siguiendo con sonidos electrónicos nos trasladamos a otro gran foco histórico de la música africana: la República democrática del Congo. Lugar del que nos vinieron en el pasado indispensables como Franco, Papa Wemba o Tabu Ley Rochereau (no dejéis de darles una escucha a estos grandes de la Rumba congoleña, horas de gozo os esperarán). De esta  antigua colonia belga, tristemente convulsa políticamente por los siempre oscuros intereses occidentales, nos llegan en la actualidad varias propuestas excitantes de verdad.

Comenzaremos por Mbongwana Star, banda cimentada sobre los restos de Staff Benda Bilili.

Mbongwana Star mezclan rabiosas guitarras, funk y electrónica.  Su propuesta nos lleva por ritmos trepidantes e hipnóticos, que nos pueden llevar a un trance como solo la música de baile puede hacer, pero por debajo, soterradas, nos irán colando toda una serie de guitarras propias del Soukous o la Rumba. Esperamos ansiosos la continuación de su fantástico “From Kinshasa”.
También del Congo, aunque afincado en Bruselas, proviene Baloji, una de las estrellas del Rap Africano que este año puede vivir su consagración definitiva tras la publicación de su monumental trabajo “137 Avenue Kaniama”. El último trabajo de Baloji es infeccioso y pegadizo, su voz carnosa y profunda suelta todo su flow sobre beats y docenas de capas de guitarras y percusiones y coros congoleños, un artefacto que salta del rap al Afropop con fluidez. Ese universo sónico ha florecido definitivamente en este 2018. Sin duda podemos decir que Baloji ha conseguido uno de los discos del año.

Por último, por cerrar esta trilogía de propuestas congoleñas, te ofrecemos un proyecto que está dando sus primeros pasos con apenas unos EPs y a los que habrá que seguir de cerca y más tras las estupendas críticas que se han granjeado en sus recientes visitas a nuestras tierras. Nos referimos al colectivo KOKOKO!

Provenientes de barriadas del vecindario de Ngwaka, KOKOKO! traen música hecha para el baile pero sin perder de vista un sentido contestatario y de protesta, un vehículo político. Electrónica, post-punk y pulsión africana en colisión son sus cartas de presentación.

Mali está en un cruce de camino entre el desierto al norte, extensión geográfica y emocional que comparte con Argelia o Mauritania (y las tribus errantes tuaregs) y el clima tropical del sur.
Esta situación geográfica le confiere musicalmente lazos con todas esas músicas que podrían ser calificadas de blues del delta o blues del desierto (y casi con certeza, la fuente primigenia del mismo blues) con sonoridades más acuosas y menos áridas proporcionadas por instrumentos como la Kora y el n’goni, compartida con otros países subsaharianos. Un entorno pues, donde hay una escena inabarcable y prolija, a la que hay que prestar atención.
Además de los conocidos y reconocidos miembros de maestros de la kora de la saga de los Diabaté, los Salif Keita o Ali Farka Touré o estrellas pop como Oumou Sangaré o Rokia Traoré o Tinariwen, que por suerte ya no precisan de presentación, queremos ofrecerte algunas propuestas de nuevo cuño que pronto figurarán junto a estos como dignos representantes de la música malí.
Nos referimos a Songhoy Blues, Mamadou Kelly o Awa Poulo

Mamadou Kelly era asiduo acompañante de Ali Farka Touré hasta que en 2013 decidió iniciar su carrera en solitario habiendo publicado 3 discos hasta el día de hoy.  Kelly es un extraordinario guitarrista, en su música tenemos la aridez del  desierto combinada con la delicadeza la kora en un cóctel sonoro que hará de las delicias de los amantes de las guitarras afiladas y vaporosas.

Al igual que este último, Songhoy Blues, basan su sonido en la guitarra, y aunque mantienen en su estructura los ritmos propios de Mali, le aportan un plus de electricidad para convertirse en una banda de rock africano. Y créeme cuando te digo que Songhoy Blues es una de las mejores bandas de Rock a secas que te puedes encontrar en estos tiempos.

Cerraremos nuestro viaje por Mali acudiendo a su capital, Bamako, para conocer el trabajo de una joven figura que ha emergido el pasado año, Awa Poulo. En la propuesta de Poulo, quizás la más tradicional de las que traemos, además de su refinada voz, encontraremos percusiones, laud, n’goni (una especie de kora) y flautas. Canciones sencillas, vagamente electrificadas, con unos riffs obsesivos y unos coros envolventes.

La última propuesta africana que aportamos es la de Spoeck Mathambo, productor de Rap, R&B y electrónica originario de Soweto, República de Sudáfrica y afincado en los Estados Unidos. Mathambo viene creando material desde inicios de esta década, pero últimamente va trufando su propuesta hedonista y bailable de acentos propios de su tierra sudafricana. Y es ahí, al ampliar la paleta de colores,  donde su música gana enteros. Esperamos con ansias sus siguientes pasos.

Y para finalizar este viaje, y por referirnos a esa anomalía a la que hacíamos mención en el título, queremos traerte a un músico por el que este que escribe siente especial predilección y que, a pesar de no ser africano, está dedicando su carrera a buscar las conexiones sonoras entre el continente africano (especialmente la música de la costa occidental) y su país, Brasil.
Me refiero al bahiano Tiganá Santana, que desde 2010, año en que apareció su disco de debut, Maçalé, viene tendiendo un puente entre esos dos mundos. Y vaya si lo consigue. En su música, delicada, hipnótica y preciosista, conviven la guitarra brasileña con las koras, los laudes y las percusiones africanas, el mbalax y el candomblé. Junto al portugués y al francés, Santana canta en diferentes dialectos africanos, eso saca su música de Brasil y la instala en ese país imaginario al que nos quiere transportar, y para ello, para llevarnos a ese estado alterado de conciencia, nada mejor que la aterciopelada voz de Tiganá.

 

PLAYLIST