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Por Iván Fanlo

clímax

  1. m. Gradación retórica ascendente, y su término más alto.
  2. Punto más alto o intenso de un proceso:
    clímax del crecimiento.
  3. Momento culminante de una obra literaria, cinematográfica, etc.

Aunque cualquiera de estas definiciones valdrían para resumir la última película de Gaspar Noé, nos estaríamos quedando en la superficie.  El cine del director galo es una explosión para los sentidos, es irreverente, es incómodo, es una experiencia -lo siento por la frase tan manida-. Pero Noé no se queda solo en la forma. Clímax tiene un subtexto muy interesante sobre la autodestrucción de la sociedad (esa torre de Babel, como él mismo explicaba en la rueda de prensa), la violencia, el sexo, el fascismo, el racismo…y todo ello sin desprenderse de su particular sentido del humor. Ideas lanzadas con furia a la cara del espectador, para que saque sus propias conclusiones. Y mientras tanto, seguimos con el viaje. El subidón y la resaca. El baile y la desolación. La risa y el llanto. El sexo y la muerte.

Gaspar Noé nos regala una película que no sobrepasa, apenas, la hora y media de duración, a simple vista más fácil de digerir que otras obras como Enter the void o Seul contre tous. No os dejéis engañar, la ganadora a mejor película en Sitges 2018 -como decía mi buen amigo José Ramón Gela León en sus crónicas del festival- nos presenta al director “más desatado y a la vez más bajo control que nunca”. Un equilibrio formal perfecto (esos títulos de crédito no aparecen a mitad de película porque si…), para una de las mejores películas del año.

Nota: 8