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Aviso: Estas críticas pueden contener pequeños spoilers.

EN CONTRA Por Iván Fanlo

El nuevo film de Panos Cosmatos -en esto si que vamos a estar de acuerdo, este nombre mola mucho para ser director de cine- lleva resonando en el horizonte, en forma de luz rosácea cegadora, desde hace muchos meses. Desde Sundance y Toronto la crítica ya se puso de acuerdo: Mandy es más que un film, es una experiencia, una obra maestra.
Para ir alimentando la llama del hype, y en esto si que voy a dar la razón a mi compañero que más abajo va a defender esta película, el trailer de Mandy era muy guay. Despertaba el interés por tirarse de cabeza a ese universo lisérgico, loco y violento que parecía presentarnos el director.
Una vez vista y deglutida, no voy a decir que la película no sea alucinógena, que lo es; también es violenta y excesiva (a ratos), loca e incluso podría aceptar que la gente la esté llamando, como ya he comentado por arriba, experiencia. Pero también es lenta, un pelín pretenciosa y, lo peor de todo, muy muy aburrida.

Ya en su primer film, el apreciable pero, a mi modo de ver, fallido Beyond the black rainbow, Cosmatos se dejaba llevar por un ejercicio visual y artístico la mar de interesante pero en el que poco  más tenía – o quería- ofrecer. Un gran huevo de pascua, decorado con la mejor de las fotografías y envuelto en una música arrebatadora, pero vacío por dentro. Aún así, aunque este estilo posmoderno, en el que la forma prima sobre el fondo, no me llene como espectador, era una ópera prima llamativa.

Pues bien, ocho años después – si, ni más ni menos que ocho años- llega Mandy y, al menos yo, no puedo comulgar con semejante exceso de lo comtemplativo, más teniendo en cuenta que la historia que nos cuentan Cosmatos y su co-guionista, Aaron Stewart-Ahn, cabe en la servilleta de un bar. Algo con lo que realmente no tengo ningún problema cuando estas carencias se suplen con ritmo y diversión.

Mandy es lenta y se regodea en su lentitud y en sus imágenes, en sus filtros y sus fundidos. Tanto, que lo prometido en el trailer -fallo mío, quizá- tarda 70 minutos en llegar, y cuando lo hace, lo hace con la boca pequeña, casi sin desmelenarse: ni realmente hay tanto gore, ni apenas acción, incluso Nicolas Cage o Richard Brake parecen algo contenidos (salvando la gran escena de Cage en el baño). Si Mandy fuera una orgía, lo sería de tres personas y con las luces encendidas. ¿Qué la peli no va de eso y hay que disfrutar el viaje? Posiblemente, pero un viaje de dos horas mirando a través de una ventanilla por la que solo se ve humo, no le gusta a nadie.

Si me pusiera soez podría decir que este film no pasa de ser la paja trasnochada de un heavy, amante de las portadas de libros de terror de los 80 y las carátulas de Manowar, que ha visto muchas veces Las colinas tienen ojos, Hellraiser y Mad Max 2. Si le añades unas gotitas de LSD y un poco de synthwave (última y agradable banda sonora de ese grande que fue Jóhann Jóhannsson), el resultado es MandyLo que no sabe Cosmatos, seguramente por culpa de la resaca, es que el resultado final casi podría parecerse  más a un vídeo de Enya que a uno de Burzum. Pero por lo que a mi respecta, dejando las tonterías a un lado, creo este no es mi tipo de cine.

Pdt: al menos la película ha servido para que toda esa gente que echaba pestes con el revival ochentero ahora ponga por las nubes todo lo que llevaban tiempo criticando.

Nota: 4

 

A FAVOR Por El Agente Sputnik

‘¿Cuál es tu planeta favorito?’

 

Una tormenta ha estado rugiendo durante mil años, con un ojo del huracán tan inmenso que podría tragarse a la Tierra entera. Panos Cosmatos hace de su segunda película una extensión de muchas de las ideas planteadas en su primera y notable cinta ‘Beyond the Black Rainbow’ así como de su exquisita estética y el soberbio uso de la música que pasa de las manos de Jeremy Schmidt (Sinoia Caves) a las del recientemente fallecido Jóhann Jóhannsson, tanto que por momentos parece que este ha cogido la esencia de esa película y situada en la misma década, aquellos maravillosos ochenta, la ha llevado a un mismo plano.

Mandy. Elena. Dos mujeres que brillan por dentro con un especial resplandor, con una luz extraña y eterna. Dos mujeres especiales que despiertan el interés de Jeremiah Sand (Linus Roache) y Barry Nyle (Michael Rogers). Dos hombres que renacen tras estar envueltos en un dolor indecible y ser bendecidos con la luz, con un viaje asombroso, con una nueva era de iluminación. La búsqueda de la felicidad, el goce, la aceptación pura y total, la puerta a una nueva época para el alma humana.

A pesar de que aparentemente Cosmatos divide a su película en tres partes ‘The Shadow Mountains’, ‘Children of the new dawn’ y ‘Mandy’, la historia que el director y Aaron Stewart-Ahn han escrito posee dos voces narrativas diferentes, una, la de Mandy (Andrea Riseborough), la otra la de Red Miller (Nicolas Cage), haciendo que estos distintos puntos de vista cambien de manera radical la forma elegida por Cosmatos para contar su historia. Mientras es Mandy ‘la narradora’, la película sigue las directrices hipnóticas y desconcertantes que el director tomó como base para ‘Beyond the black rainbow’ haciendo que los primeros sesenta minutos de película se conviertan para el espectador que consiga entrar en la propuesta del director, todo un placer visual, sonoro e incluso narrativo. No hay diálogos vacíos, no hay una narración fallida, todo tiene un porqué. Esta primera parte es un autentico gozo para los sentidos, algo parecido a lo que consiguió, salvando las distancias, Gaspar Noé con su ‘Enter the Void’. Cosmatos vuelve a demostrar que sabe jugar perfectamente con la estética, la historia y las referencias (Se habla mucho de la influencia de Stanley Kubrick en su cine sobre todo en su primera película, pero no hay que dejar de lado al primer David Cronenberg. El historial que Margo descubre en ‘Beyond the black rainbow’ bien podría formar parte de cualquier cinta de la primera época de Cronenberg, mientras que la forma en la que Jeremiah se presenta ante Mandy con ese traje blanco, abriendo los brazos y delante de ‘sus hijos’ nos trae irremediablemente a la memoria a Samantha Edgar en ‘The Brood’. Tampoco podemos dejar de pensar en que ‘Mandy’ parece por momentos ser un peculiar ‘almuerzo desnudo’) para descolocar al espectador y situarlo en clara desventaja con respecto a lo que este está contando y desde esa posición de relativa inferioridad el espectador deberá dejarse llevar y disfrutar del viaje que el director le propone. Sin duda alguna, Cosmatos tiene tanta capacidad para seducir a gran parte del público como Jeremiah a sus fieles o el doctor Mercurio Arboria a Nyle allá por 1966.

El único pero que le puedo poner a esta película es la manera en la que el director realiza la transición de una voz narrativa a otra, ya que es en ese momento, cuando Red se convierte en ‘el narrador’, cuando la historia parece que va a naufragar. Sin entrar en demasiados detalles, esto es algo que ya se pudo observar en ‘Beyond the Black Rainbow’. Cosmatos se maneja a la perfección a la hora de crear una historia que plantea los suficientes interrogantes como para que el espectador quiera conocer sus respuestas, algunas de ellas puede que no lleguen nunca, otras lo pueden hacer de una manera poco clara y confusa, pero se muestra mas torpe a la hora de hacer evolucionar sus historias hacia un final o desarrollarlas mas allá de ‘un espacio único’ (El instituto arborea o la casa de Mandy y Red y sus alrededores) lo que le lleva a tomar ciertas licencias que no son siempre bien vistas o incluso a forzar la narración en algunos momentos.  ‘Mandy’ posee dos partes claramente diferenciadas. La primera, la extraña, la seductora desde el punto de vista de Mandy, de esa mujer que resplandece de una manera especial. La segunda, la violenta, la de Galactus, la de Red Miller. Esta dualidad puede llevar a que quién disfrute de una, no lo haga con la otra pero aquel que disfrute con las dos se va a encontrar una obra difícil de olvidar.

Cosmatos es un gran amante de la cultura de los ochenta. Tal y como declaró el director, todas las películas de Ridley Scott de aquella época influyeron en ‘Beyond the black Rainbow’ y esta ‘Mandy’ sigue las líneas mostradas en aquella, convirtiéndose en su natural evolución estética. Que sea fan de ‘Basket Case’ puede explicar la existencia de Cheddar Goblin. Incluso el director nos deja su peculiar visión de que es para él la caja de Lamerchand.

Se ha hablado mucho del trabajo de Nicolas Cage en esta película. De cómo este parece haber resurgido de sus cenizas con ‘Mom & Dad’ de Brian Taylor y ‘Mandy’ y es cierto que en líneas generales Cage resulta mucho menos sobreactuado y excesivo de lo que nos tiene acostumbrados (No ocurría así en la cinta de Taylor pero ‘Mom & Dad’ necesitaba de ese Cage tan irreverente al que hemos visto en muchas películas) pero si hay que destacar a dos actores esos no son otros que Linus Roache en su papel de Jeremiah Sand y Andrea Riseborough como Mandy, dos interpretaciones simplemente maravillosas.

‘Starless’ de King Crimson abre ‘Mandy’. ‘And rock and roll me, when i die’. Igual que ocurría en ‘Beyond the black Rainbow’, la música es parte vital y fundamental de ‘Mandy’, Los temas compuestos por Jóhann Jóhannsson son el complemento necesario para trasmitir al espectador el desasosiego que sienten los personajes así como la extraña atmósfera en la que se ven envueltos. Sin duda alguna, la obra de Jóhannsson es lo que ‘Mandy’ necesitaba y resulta imposible pensar en la cinta de Cosmatos con otro tipo de música. Sorprenderá al espectador escuchar ‘Cielito Lindo’ pero sobre todo sorprenderá la canción ‘Amulet of the weeping maze’ que suena en el encuentro entre de Jeremiah y Mandy y a la que le pone voz el propio Jeremiah Sand, es decir, Linus Roache.

‘Mandy’ es una cinta absolutamente arrolladora en todos sus niveles, con dos partes claramente diferenciadas que llevan a que el espectador que se sumerja en la historia a un extraño viaje que no le dejará indiferente. Cosmatos hace de esta película una exploración de sus obsesiones (Si en ‘Beyond the black rainbow’ uno de los protagonistas leía un extraño libro de titulo ‘Be yourself’, aquí Mandy lee ‘Seeker of the serpent’s eye’) pero introduce un elemento que aunque poco visible está presente y no es otra cosa que ciertas pinceladas de humor. ‘Mandy’ es una película que se ha de disfrutar en pantalla grande, con el sonido a todo volumen y sobre todo sabiendo que se va a ver. A nadie que haya visto antes ‘Beyond the black rainbow’ le sorprenderá el ritmo con el que Cosmatos dota a su película pero a quien no lo haya hecho es posible que le frene. ‘Mandy’ es toda una experiencia, visual, sonora, narrativa, una obra mayor. Esperemos que un cine a priori tan minoritario como el de Cosmatos no se resienta de la enorme fama que está teniendo esta película y que el director nos siga ofreciendo cintas tan arrebatadoras e increíbles como esta ‘Mandy’

Nota 9

‘Me gusta Galactus.
Pero Galactus no es un planeta.
Cierto, pero devora a otros planetas’