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Por Javier J. Valencia

XXXVII EDICIÓN DEL FESTIVAL DE CINE DE TERROR DE MOLINS DE REI – MARATÓN 12 HORAS DE TERROR

La ya clásica maratón 12 horas de terror dio comienzo con Summer of 84, de Anouk Whissel y François Simard. La cinta, que consiguió un gran éxito de público –que me lo digan a mí, que me quedé sin entrada- y una buena recepción crítica en el pasado Festival de Sitges, narra la historia de cuatro adolescentes que, en plenas vacaciones del año que da título a la obra, comienzan a tener sospechas cada vez más fundadas de que el vecino de uno de ellos, un respetable agente de policía, es en realidad un psicópata que lleva años actuando por el estado. Los realizadores de la sencilla pero encantadora oda retro Turbo-Kid siguen enamorados de la década que vio triunfar a Duran Duran y a Angela Channing, pero se distancian de propuestas con las que guardan parentesco a primera vista tipo Stranger Things primero situando al grupo de chavales al final, y no al principio, de su adolescencia, y segundo por resultar una obra mucho más oscura de lo previsible, con un epílogo que parece gritar a pleno pulmón ¡esta es la película de los 80 que no nos hubieran dejado hacer en los 80! Aunque eso implique pueda incluir un mensaje un tanto deprimente que no conquistará a todo el mundo. En cualquier caso, vale la pena, y no solo para degustadores de retronostalgia precocinada.

Pascal Laugier entra en un territorio de terror extremo mucho más carnavalesco que en sus obras anteriores y se une a la colección de propuestas más o menos brutales pero granguinolescas que llevan surgiendo desde su país de origen las dos últimas décadas, algo en lo que pareció diferenciarse Martyrs diez años atrás. Ghostland empieza como un home invasión donde una madre y sus dos hijas adolescentes son atacadas por un par de sujetos que parecen surgidos de una enfebrecida pesadilla de Garth Ennis. La situación parece resolverse, y años después una de las hijas triunfa como escritora de novelas de terror pero su hermana se ha quedado absolutamente traumatizada por lo ocurrido entonces. Sin embargo, las cosas no resultarán ser lo que parecen ser. En esta ocasión los juegos de humo y espejos le funcionan bastante mejor a su director que en la deleznable El hombre de las sombras al situarse en un terreno donde la intención es ser muy efectista y poco o nada trascendente, y en ese sentido cumple a la perfección.
The Devil’s Daughter, de Aislinn Clarke, es un found footage de corte clásico (porque ya lo hay) en la cual dos curas en los años 60 deben viajar a un centro irlandés para mujeres con problemas regentado por unas monjas disciplinadas hasta la crueldad, acostumbradas a lavar los trapos sucios de los obispos masculinos. En el lugar se ha producido un aparente milagro (unas figuras representando a la Virgen han empezado a expulsar lagrimas de sangre) y mientras el primer párroco, más anciano y de vuelta de todo, sospecha una estafa, el segundo, más joven e impresionable (y portador de la cámara que lo graba todo, para que nos impresionemos con él) empezará a vivir situaciones sobrenaturales. Salvo para propuestas muy originales el subgénero empieza a estar ya muy quemadito y la presente no es verdaderamente nada del otro jueves. Aunque en sus minutos finales, donde la tensión sube, parecen haber tomado nota de lo efectiva que fue la sensación de total desorientación de la notable Mr. Jones (Karl Mueller, 2013), a la que parece haber tomado su directora para algunas escenas como referencia. Para ver y olvidar.

Este año los programadores de TerrorMolins decidieron que la película sorpresa estaría al margen de la retrospectiva como suele ser habitual (la verdad es que dado que el tema de la edición era Brian DePalma y la mayor parte de sus obras de género fantástico se habían proyectado durante la semana, yo apostaba por que iba a ser Hermanas) y en su lugar decidieron proyectar una novedad: la sorprendente y encantadora One Cut of the Dead, de Shin’chiro Ueda, que venía de haber recibido una enorme ovación en el pasado Festival de Sitges. De la película no puedo hablar demasiado por no estropear su sorpresa, simplemente comentaré que comienza siendo lo que parece una cinta de muy bajo presupuesto acerca de una invasión zombie aderezado con mucha comedia… pero se convertirá en algo totalmente diferente. Aunque tampoco me pareció la genialidad que he leído sobre ella por ahí, hay que reconocer que posee una especie de alegría contagiosa a la hora de hablar del mundo del cine, y es fácil haberse vuelto su cómplice cuando aparecen los títulos de crédito finales.
Lasso, de Evan Cecil, en el tipo de films cuya existencia tiene sentido gracias a celebraciones como esta maratón: un disparate gore que es –no nos vamos a engañar- una tontería como un piano, pero a que a ciertas horas de la madrugada y con un público entregado se convierte en disfrutable. Un grupo de jubilados que van de visita a un espectáculo de rodeo en Texas, más algunos de los asistentes al show, se ven asediados por una banda de psicópatas cowboys, que disfrutan humillando a sus víctimas marcándolas como si fueran terneras y despedazándolas efectuando juegos a caballo con el lazo. Si, como lo leen. No le busquen mucho sentido, es lo suficientemente consciente de que es para aderezarlo todo con un humor, eso sí, muy bestia. Por cierto, ¿Cuándo veían de jóvenes Las aventuras del joven Indiana Jones se preguntaban si cuando fuera un hombre hecho y derecho, Sean Patrick Flanery se parecería a Harrison Ford? Ahora que tiene más de cincuenta hay que reconocer que no, en lo más mínimo. Aunque no sé si merecía ser castigado por ello como lo es en el film (se pasa más de un cuarto de hora intentando sobrevivir sin brazos. Como lo oyen).

Si es usted de los que piensa que Puppetmaster es de lo mejor que surgió nunca de la factoría de Charles Band, no puede entonces perderse Puppet Master: The Littest Reich, de Sonny Laguna y Tommy Wiklund, aunque en esta ocasión el guionista es la estrella, ya que el libreto lo firma toda una supernova del momento como S. Craig Zahler (Bone Tomahawk, Brawl in Cell 99). Se trata de un reboot de la cinta de 1989 que originó una larga lista de secuelas pero con bastantes homenajes a la original y apariciones de Barbara Crampton, Udo Kier o Michael Paré. Incluye mucha sangre, asesinatos a cada cual más creativo por parte de los muñecos a los huéspedes de un hotel que asistían a una convención, bastante humor negro y mucha mala leche. También denota el gusto de Zahler por pasarse en revoluciones en cuanto a la crueldad, y no solo me refiero a la física, y en ocasiones de ingenioso en algunos de sus diálogos se pasa de listillo. Pero es ciertamente entretenida, y suponemos que volverá a ser la primera entrega de una larga lista.

Y esta ha sido nuestra crónica por nuestra primera visita a TerrorMolins, un clásico ya entre los Festival dedicados al terror nacionales. Deseamos que no sea la última…

PALMARÉS DE LARGOMETRAJES TERRORMOLINS 2018

PREMIO MEJOR MAQUILLAJE Y FX – The Night eats the world
PREMIO AL MEJOR GUIÓN – Pascal Laugier (Ghostland)
MEJOR ACTRIZ – Paola Lara (Tigers are not afraid)
MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO A MEJOR ACTRIZ – Brittany Allen (What keeps you alive)
MEJOR ACTOR – Rory Culkin (Lords of Chaos)
MENCIÓN ESPECIAL DEL JURADO A MEJOR ACTOR – Lalor Roddy (The Devil’s Doorway)
MEJOR DIRECCIÓN – Tigers are not afraid “Vuelven” (Issa López)
MEJOR PELÍCULA – Lords of Chaos (Jonas Åkerlund)
PREMIO DEL PÚBLICO A LA MEJOR PELÍCULA DE SECCIÓN OFICIAL – Ghostland (Pascal Laugier)