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Por Fernando “RetroCabeza” Gil

Imagina leer la National Geographic a principios de siglo XX, cuando cada ejemplar venía con la promesa de una nueva aventura. El ser humano se superaba en una carrera constante por ser el primero en alcanzar la cima, descubrir una isla o una civilización perdida. Soñaba con volar. El mundo se sentía joven y lleno de maravillas por descubrir. Y cuando el mundo se nos quedó pequeño echamos la vista a las estrellas, buscando nuevos horizontes.

Ahora en cambio nos toca vivir un siglo sin grandes metas que alcanzar. Se siguen haciendo descubrimientos, pero ya no se reciben con la emoción casi infantil de antes. Extinguimos a mayor ritmo del que descubrimos. Ya no podemos ser los primeros, así que nos conformamos con ser más rápidos, más fuertes. En un mundo ávido de emociones nuevas superar el record mundial de inflar globos con la nariz se convierte en un evento televisivo retransmitido en directo. Pero mucha gente ya no ve la televisión. Miran internet y juegan a videojuegos, y miran a otros jugar, sobre todo cuando juegan bien. Bienvenidos a un mundo lleno de cimas virtuales que coronar. Bienvenidas al fenómeno speedrun.

Para el que no lo conozca aún, el speedrun es el arte de acabar un videojuego lo más rápido posible. No digo arte a la ligera. Ser el mejor en algo, en cualquier cosa, requiere mucho esfuerzo y dedicación, y también una pizca de locura. Los videojuegos son competitivos por naturaleza, como el ser humano. Desde sus comienzos en los salones recreativos se trata de vencer al otro, conseguir la mayor puntuación y poner nuestras iniciales con orgullo en lo alto de la tabla. Algunos empezaron a grabar sus proezas digitales en cintas de vídeo, pero no fue hasta la llegada de internet cuando se empezaron a formar comunidades alrededor de juegos en concreto. Jugadores de todo el mundo empezaron a compartir estrategias y vídeos con sus mejores partidas, sus mejores tiempos. A pesar de ser un ambiente muy competitivo también es una comunidad muy abierta y colaborativa. Cuando alguien descubre una ruta más rápida o un truco para ahorrarse unos segundos en una pantalla la comparte, y la comunidad lo adopta enseguida. Hay canales de YouTube dedicados a documentar la historia del speedrun y sus hallazgos. Sólo uno llegará a ser el mejor, pero siempre gracias a un trabajo colectivo, al esfuerzo de muchos.

Algunos juegos se diseñan con el speedrun en mente, como Super Metroid, que nos premia por acabar el juego más rápido y permite tomar distintas rutas a los jugadores más audaces. En 2014 nace Speedrun.com, una web que a día de hoy tiene más de 190000 usuarios compitiendo por ser los mejores en 15000 juegos distintos, con distintas categorías dentro de cada juego. Uno de los eventos más importantes del mundo speedrun  es Games Done Quick, que reúne cada año a los mejores jugadores del mundo para recaudar fondos con fines benéficos. Si todo esto es nuevo para ti te recomiendo que veas cualquier vídeo de AGDQ en YouTube para saber lo que es un experto en su materia demostrando su habilidad ante un público entusiasta. El de Celeste de este mismo año es espectacular, con los creadores del juego contando anécdotas durante la partida.

Hay gente que no juega a videojuegos, juega a UN videojuego, todos los días, una y otra vez, cronometrándose, y gracias a twitch y otras plataformas de streaming podemos verlos en directo, chatear con ellos, darles dinero incluso, porque sí, porque te alucina verles jugar y su espíritu de lucha te resulta inspirador. Todavía se siguen superando records en el Super Mario Bros original, y el nuevo campeón del mundo de Tetris clásico es un chaval de 16 años que demuestra que aún no está todo dicho en un juego de hace 30 inviernos.

Si no juegas a videojuegos puede que todo esto del speedrun te parezca una tontada, pero como fenómeno cultural no ha hecho mas que empezar. Ni siquiera te he hablado del TAS, de las máquinas programadas para hacer cosas en un videojuego imposibles para un humano (hasta que alguien lo consigue). El mundo del speedrun es para descubrirlo poco a poco. Y si todavía no lo entiendes recuerda que ese afán de superación es algo muy humano. Se acabó la época de los aventureros, de los grandes descubrimientos. Aunque el mundo se nos quede pequeño siempre habrá nuevas metas que alcanzar y horizontes que explorar en el mundo de los videojuegos. Y además son divertidos.

 

@RetroCabeza
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