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Por Isaac Moreira

¿Se puede sentir nostalgia por una época que uno no ha vivido? La respuesta es sí. Y esa es la gran baza que juegan los compositores de synthwave. Un género musical que busca evocar, que no copiar, los sonidos y los estados anímicos de los ochenta. Un género musical que se inspira más en el cine que en los grupos de aquellos años. Tanto es así que vemos en el documental de Iván Castell que en algunos casos los componentes de un grupo usan títulos de películas para comunicarse. “Que sea un poco más Goonies”; “mejor que suene algo más Robocop” se dicen entre ellos a la hora de componer.

El synthwave nació hace poco más de diez años en las sombras de internet. Unas sombras en las que muchos de sus integrantes prefieren permanecer. “No importa el artista, no importa cuál sea mi cara, solo la música que hago”, dicen mientras hablan a oscuras a la cámara. Un movimiento underground puro que Drive, el film de Nicolas Winding Refn en 2011, sacó a la luz y que actualmente ha sido absorbido por el mainstream con Stranger things como  máximo exponente. Los sonidos de sintetizador ochentero están de moda. Aunque no siempre fue así, a la mayoría de los compositores del synthwave se les miraba como a bichos raros en sus inicios.

The rise of the synths juega con el mismo lenguaje que la música a la que quiere homenajear. Se sienten ecos de Terminator y Mad Max en la presentación de Synth Rider, el conductor del documental, antes de que monte en su Delorean y se adentre cada vez más en el pasado para indagar en los orígenes e influencias de este género. Mientras, algunos de los artistas más relevantes del synthwave de todo el mundo, hablan de los orígenes del movimiento, sus influencias, sus métodos, la filosofía por la que se rigen al componer y al mostrar su trabajo. Todo bajo la tutela del mismísimo John Carpenter, gurú más que reconocido del género y que ejerce de maestro de ceremonias.
En The rise of the synths no vamos a encontrar estrellas de la música o nombres conocidos, exceptuando al gran John Carpenter (¿acaso necesitamos más?), sin embargo es un documental necesario y diferente. Necesario porque recoge la historia en un momento en el que el movimiento está más activo que nunca y los artistas que lo crearon tienen sus orígenes lo bastante cerca como para no mitificar el tiempo pasado. Y diferente por el origen más cinematográfico que musical del synthwave. Es otra forma de entender la música e incluso su industria.

Si tenéis oportunidad no la dejéis escapar. Sentaros en el Delorean y dejaos guiar por la voz de Carpenter hasta los 80.