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Por Paco Latorre

Decía Werner Herzog que los premios en los festivales de cine le daban igual porque no eran un concurso canino, y de algún modo uno intuye que el mamoneo intrínseco a la industria del ocio y la cultura (del que ya no sabemos qué es uno y qué otra) subraya que son muchas cosas más de mercado que de esencias lo que da y quita premios. 

Parásitos, como en su momento Pulp Fiction, fue Palma de Oro en el festival de Cannes rompiéndome -y perdón por hablar de mí, auqnue siempre lo hago- el esquema que tengo asociado a una peli vencedora en un festival: coñazo pedante insufrible que mira por encima del hombro al espectador, al que ilustra y alecciona desde el púlpito de presunta intelectualidad que se ha conferido por su propia gracia divina (un saludo, hermanos Dardenne; otro a usted, Michael Haneke).
Cannes a veces brinda excepciones al esnobismo concediendo a la charanga cierto reconocimiento, pero más allá de la evacuación en sus muelas (a mí lo que diga un festival de pijos para pijos con la gente más alejada de la realidad posible me importa bien poco aunque admire su trabajo) hay que decir que con Parásitos hace justicia, pero es que la peli de Boon Jon Hoon es de premio sea en Cannes, Valladolid, Venecia o Alquerías del Niño Perdido.

Parásitos tiene el don de ser indefinida en tanto a cómo dice lo que quiere contar pero sólida como un ladrillo respecto a lo que dice. Funciona como thriller, más aún como comedia y muchísimo más aún como tragedia y sátira. Pero lo que realmente la hace grande es conjugar el darse el gustazo de hacer que te lo pases genial con tener algo que contar tan incómodo como ese análisis clínico y sociológico de la sociedad neoliberal desde su micromundo. Puede que la distancia con Corea del Sur haga que los occidentales nos perdamos matices, pero la mala leche de la película es global en tanto a no hacer una mortecina disgresión sobre la moral sino ofrecer un venenoso juego del escondite expuesto desde el primer momento: no se trata de quién quiere esconderse sino de a quién queremos esconder. Sobresaliente y a pagar la entrada ya mismo, ya tardan.